07.04.2010

 

Alta tecnología sueca

Los rayos del sol matutino se reflejan en la tranquila superficie del mar antes de alcanzar el blanco faro que lleva funcionando más de cien años. Los pequeños veleros cabecean apaciblemente en sus amarraderos, casas de madera, con los característicos tejados bajos, se alinean en el muelle y el graznido de las gaviotas es el único sonido que el viento arrastra.

Sin margen de error.
A partir de unos humildes inicios, la empresa se fundó como astillero de barcos de pesca en 1912, Berg Propulsion se ha convertido en una compañía multinacional que construye hélices para todo tipo de barcos. Buques cisterna, portacontenedores, cargueros y yates de lujo, por citar algunos, confían en la experiencia y la labor artesana de Berg Propulsion.

Las exigencias de fiabilidad y durabilidad de las hélices CP (de paso variable) de Berg son enormes. Una vez montada en el barco es extraordinariamente difícil hacer cualquier modificación de la hélice, que permanece en servicio durante 25 años o más. No hay margen para el error, ya que la seguridad del buque depende de la calidad del producto. El dinero también cuenta: cuando un barco entra en el astillero para hacer reparaciones, el armador debe pagar entre 15 000 y 20 000 dólares diarios, explica el Director Gerente de Berg, Anders Christoffersson.

Empresas familiares que se han vuelto globales.
El progreso tecnológico ha dejado su huella en todos los aspectos de la vida y el proceso de fabricación en la planta de la idílica isla de Öckerö no es una excepción a esta norma. Mucho ha cambiado desde que Johan Wiktor Berg fabricó en 1929 la primera hélice de paso controlable para un pesquero de madera; uno de tales cambios consiste en el uso de los productos
Loctite de Henkel. Berg Propulsion y Henkel, líder mundial en tecnología adhesiva, tienen mucho en común: Ambos comenzaron como empresas familiares que hacían hincapié en la oferta de productos de elevada calidad y ambos se han convertido en empresas de éxito que operan a escala mundial.

Henkel tuvo ocasión de observar el proceso de producción de Berg en la planta de la isla de Öckerö. La gigantesca hélice, cuyo diámetro supera los nueve metros, empequeñece a las personas que se hallan junto a ella.

Las relucientes palas de bronce de la hélice parecen casi amenazantes en su resplandeciente perfección. Los productos Loctite desempeñan una importante función en todas las fases del proceso de producción. Las roscas de las tuberías hidráulicas, responsables del control individual de las palas se fijan con Loctite 638. Soportarán presiones de más de 70 bares, lo que equivale a dos veces la carga que las hélices aguantarán en el océano.

Desarrollo de soluciones confeccionadas a medida.
El sellado ha de ser hermético al cabo de una hora, ya que entonces se ensamblarán las tuberías hidráulicas al eje. Otro ejemplo de progreso tecnológico aplicado lo constituye la fabricación del separador que protege las unidades de control de la hélice. El separador se sujeta a las unidades mediante cuatro uniones roscadas que se fijan con Loctite 243. “Loctite incrementa la fiabilidad de nuestros productos. Cooperamos estrechamente con el departamento técnico de Loctite durante el proceso de desarrollo y producción” declara Christofferson.

Lars Andreasson, del departamento de Ingeniería Industrial de Loctite, explica: “Podemos ayudar al cliente calculando las presiones que el producto ha de soportar, por ejemplo. Es un trabajo en equipo. Nuestro objetivo es desarrollar soluciones personalizadas.”

El proceso de fabricación de hélices navales ha recorrido un largo camino. Es interesante señalar al respecto que existe una suerte de teoría de la conspiración en relación con el origen de esta tecnología. Es posible que el aficionado austriaco Josef Ressel precediera al inglés Francis Smith, a quien se le otorgó el mérito del invento. Por desgracia, no obstante, dicha cuestión no quedó resuelta en vida de Ressel y jamás se le otorgó el reconocimiento que parece que le habría correspondido. Aunque el progreso tecnológico es imparable, como atestigua la cooperación entre Berg Propulsion y Henkel en la idílica Öckerö, los problemas vinculados a la propiedad intelectual se antojan permanentes.




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